Como dueño de una casa de empeño, tu riesgo principal parece simple: que un cliente no regrese por su prenda. Pero hay otro riesgo, uno silencioso y mucho más destructivo, que ya está en tu inventario.
No hablo de una mala racha. Hablo de los artículos de procedencia ilícita. Y el costo de aceptarlos va mucho más allá de perder el dinero del préstamo. Es una hemorragia financiera y reputacional que puede cerrar tu negocio.
El problema es que un “artículo bloqueado” no es solo uno. Son tres dolores de cabeza distintos, cada uno peor que el anterior:
- El bloqueo digital. Aceptas un celular que fue adquirido a crédito y no fue liquidado. Horas después, la financiera lo bloquea. Felicidades, acabas de prestar dinero a cambio de un pisapapeles. Pérdida total.
- El bloqueo legal. Las autoridades llegan a tu local, identifican un taladro o una laptop como robada y la incautan. Adiós al préstamo, adiós al activo, y ahora tu negocio está en un reporte policial.
- El bloqueo de tu negocio. Esta es la consecuencia final. Acumulas suficientes “incidentes”, o simplemente no tienes tu registro en orden, y PROFECO llega y te pone un sello de clausura en la puerta. Ingresos a cero.
El costo real no es el préstamo, es la reacción en cadena.
Pensar que solo pierdes lo prestado es un error de cálculo. El impacto real es un efecto dominó:
- Las multas son reales y paralizantes. Operar sin el registro adecuado en el RPCE no es un juego. Las sanciones de PROFECO pueden llegar hasta los $5.8 millones de pesos. No es una amenaza, es el reglamento.
- El daño a tu reputación te vacía la tienda. Más allá del dinero, está la confianza. Cada titular de periódico que dice “casas de empeño venden cosas robadas” te afecta directamente. Los clientes honestos se alejan y los compradores serios no se arriesgan. Pasas de ser una solución financiera a ser parte del problema.
- La negligencia tiene un precio. La situación es clara en varias partes del país: la práctica de no pedir pruebas de propiedad ha convertido al sector en un filtro para la delincuencia. Esto ya provocó que las autoridades pongan la lupa sobre las operaciones. El escrutinio solo va a aumentar.
La defensa es proactiva. No hay de otra.
Esperar a la siguiente inspección es una mala estrategia. La única forma de proteger tu inversión es blindando tu operación desde el mostrador.
- Tu primera línea de defensa es tu valuador. Capacita a tu equipo. La identificación oficial vigente es innegociable. Para artículos de alto riesgo —electrónicos, herramientas de marca—, normaliza la solicitud de una prueba de propiedad. No es desconfianza, es diligencia debida.
- Usa las herramientas públicas, pero entiende sus límites. Esto es básico. Si te ofrecen un vehículo, la consulta en REPUVE es obligatoria. Si es un celular, verificar el IMEI en la base de datos del IFT es crucial. Pero estas herramientas son reactivas. No te protegen de la “ventana de tiempo” que existe entre el robo de un celular y el momento en que el dueño logra reportarlo a la telefónica, un lapso que puede ser de hasta 48 horas.
- Adopta tecnología que cierre esa “ventana”. Aquí es donde entran las plataformas de registro ciudadano. Vlock, por ejemplo, fue diseñado precisamente para resolver este problema. Permite que el propio ciudadano cree un inventario de sus bienes con número de serie, fotos y factura. Si le roban algo, lo reporta en la plataforma y esa alerta es visible para cualquier usuario que consulte ese número de serie.
Para ti, esto significa que antes de aceptar un bien, puedes hacer una consulta y tener un mayor grado de certeza sobre su origen. La plataforma te permite diferenciar entre un artículo “Registrado” (reciente y sin factura) y uno “Verificado” (con más de 30 días o con factura), dándote una herramienta de evaluación de riesgo instantánea. Incluso te permite reportar artículos robados de tu propio piso de venta para alertar a otras casas de empeño.
En un mercado cada vez más vigilado, la confianza no es un lujo, es tu activo más rentable. Y se construye, en gran parte, con los artículos que decides no aceptar.